Por Isabelle Rousseau
Revista Poetas y Musas
Fuí una extraña noche, casi de madrugada
me encontraba tan enferma por ellos:
los hijos del malvado
habían tratado de cortarme la cabeza,
me habían enjuiciado ancianos judios lujuriosos
y brujas pervertidas que envidiaban mis dones,
por aquella habitación donde no podía dormir,
entraba una tenué luz a través de los barrotes
de una ventana parecía viva flotando estrellas,
comencé a llorar y las lágrimas
salian en silencio por mis ojos, me dolia todo el cuerpo,
nunca merecí la crueldad con la que me trataron,
dormí profundamente en casa de mis tristes padres
y apareció en mis sueños
un ángel con su brillo inmenso y me dijo:
demasiada luz ciega no indages los designos de Dios,
estarás bien vencerás el mal, mantén la fé,
después el ángel me tomó en sus brazos
y me llevó hasta el mar, de un barco salto un hombre
con una rosa roja entre sus manos,
vi desde el cielo el ángel de la justicia con una inmensa espada,
el primer ángel me devolvió a mi lecho y sentí su abrazo tan fuerte
y me dijo al final: Nunca más vuelvas a tener miedo mujer,
No le pregunté su nombre solo recuerdo su olor a rosas en mi vientre,
Desde entonces he sentido la presencia de Dios que nunca
se ha apartado de mi, los hijos del malvado
continuaron por años tratando de acabar conmigo sin lograrlo,
me derriban y me levanto más fuerte cada vez,
porque nada es imposible para los que verdaderamente aman a Dios ,
sé que fué Jesuscristo porque a él encomendaba diariamente mi alma,
el que me visitó en sueños cuando estuve enferma
y me dio consuelo, ahora vivo mi vida sin miedo a morir.

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